El “deber ser” de un abogado.

Antes de comenzar con este pequeño ensayo quiero proporcionar una definición propia de que se entendería como el “deber ser”:
El “deber ser” está orientado al ser o hacer, con la eliminación de cualquier tipo de apasionamiento o de intereses personal, así como la justicia es entendida como la razón desprovista de pasión de la misma forma un abogado tiene esta razón primigenia desprovista de pasión o de interés.
En este sentido es que hay que comenzar a entender cuál es la función de un abogado, cual es esa necesidad social y comunitaria para que el abogado forme parte del sistema productivo cuál es su razón de existencia.
El abogado tiene sus inicios en la antigua Grecia donde se los llamaba para la elaboración de alegatos ante problemas legales o administrativos, no pudiendo cobrar por sus servicios por prohibición, siendo tal ayuda entendida como la amistad o el ánimo de colaboración que estaban entre estos “abogados primitivos” y las partes encontradas en conflicto.
Es así que aquí podemos encontrar la principal necesidad de la sociedad que derivo en el surgimiento de los abogados, “LA AYUDA” o ponerlo en otro sentido la colaboración de una persona a otra para que pueda afrontar algún tipo de proceso o problema legal.
Trayendo este análisis a la actualidad con un sistema judicial en el que la figura del abogado es manejada como una persona profesional que cobra dinero por la ayuda o colaboración que realiza a la persona que solicita sus servicios el “deber ser” se desvió de la forma primigenia.
Es aquí donde se encuentra el contraste del “deber ser” y el “Ser” entendido este último como la forma se desarrolla actualmente esta acción, no quiero que se interprete que un abogado no debe cobrar por la asistencia técnica que se realiza a la persona que solicita sus servicios, ya que el trabajo y los años de estudio deben ser compensados de forma recíproca.
Sin embargo, muchos de los actuales colegas abogados están más orientados a la forma de lucraran con la desgracia de las personas que en la forma de colaboración o de asistencia técnica que pudieran dar.
Así podemos encontrar abogados que llenan a personas acusadas de algún delito con falsas esperanzas de sacarlas de un determinado problema legal en base a cuanto puedan aportar sus familiares o la misma persona para alimentar un sistema judicial corrupto.
También tenemos a otros abogados que utilizan a las víctimas como procuradores o tramitadores que son los encargados de llevar adelante el proceso, limitando simplemente su acción a la de realizar memoriales o de incluso estampar su firma en escritos por ciertas sumas de dinero.
Es aquí donde se ha perdido el “deber ser” de un abogado, porque al margen de tratar de ganarse la vida con el empleo de las habilidades aprendidas en la universidad y/o en la práctica, el deber principal de un abogado esta en ayudar a la persona que lo solicita, incluso antes de pensar en el honorario que ganará debería pensar en el bien que hará.
Ahí está pues lo que un abogado tiene que ser. Una ayuda para quien lo necesita, una ayuda para la sociedad a la que pertenece, para crear un mundo nuevo y mejor.

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