Pocas son las carreras tan desprendidas, nobles, sacrificadas y hasta en algún momento… ingratas, como el derecho, ya que por su naturaleza de origen consiste en la ayuda que presta un abogado a otra persona.
Personas que hayan tenido la dicha de ser abogados litigantes sabrán que este trabajo no es nada sencillo, soportar una audiencia de 4 horas para después ir a un acto investigativo que durara otras 6, estar cerrando la oficina en un día viernes para ir a descansar después de una semana muy atareada cuando llega una persona suplicando ayuda, o quizá las largas horas de investigación y análisis de papeles que parecen no terminar para fundamentar una defensa, son tareas muy agobiantes y estresantes para un abogado.
Pero es su trabajo, ayudar, aunque este cansado ir a una audiencia de investigación concentrado y fresco, aunque tenga unas ganas increíbles de ir a su casa a descansar atender “un último caso más”, aunque le ardan los ojos por una lectura interminable continuar hasta “terminar un cuerpo más” esa es nuestra labor, agobiante pero satisfactoria.
Los abogados somos a las únicas personas que luchan contra los males de la sociedad y por eso la inversión de nuestro tiempo y atender todos los casos que buscan nuestra ayuda será recompensado talvez no económicamente, pero la tranquilidad que dejas a una persona que se descargó y le diste una luz de esperanza es única.
Después de todo la dicha de haber llegado a una sentencia favorable, de ver a la persona que defendiste por fin en paz y en tranquilidad después de la tormenta que paso, lleno de alegría mirándote y diciendo: “Gracias Doctor” son de las cosas más gratificantes del mundo y hacen que todo el esfuerzo valga la pena
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